Porque, reconozcámoslo, también tenemos nuestro corazoncito. Creo. Y hay secuencias de esas que son cabronas, de las que joden, de las que te duelen, y hasta el más duro de nosotros sorbe (-No, cariño, qué va, se me ha metido algo en el ojo, no, no estoy llorando, si se lo iban a cargar igual; que no, leches, que es alergia. Y a mí que me cuentas… Mira la peli…). Secuencias en las que se cargan injustamente a alguien. De esas en las que al hacerlo, te provocan el nudo en el estómago. Y juras que no volverás a verla.
De esas en las que, una vez que tienes la peli, siempre la pasas rápido, para saltar la parte concreta. Y a veces, ni miras, para que no te vuelva a doler esa ficción injusta.

Pongamos algunos ejemplos. Así, por joder. Con pelos y señales, que para eso hablamos de armas en este mejunje que yo llamo mi blog.

El calibre o tipo del arma no hace que la secuencia sea mejor o peor… pero, a veces, sí…

Sean  Connery en Los Intocables

¡Qué tacita de azúcar ni qué tacita de...!

¡Qué tacita de azúcar ni qué tacita de…!

No pensaríais que iba a ser tan sádico como para poner la imagen de este buen señor tiroteado y hecho unos zorros, ¿no?
El Sr. Connery, al lado del Sr. Ness, repartió estopa con escopeta, porra, y todo lo que caía en sus manos. Pero desde luego la que sujeta en la imagen, una Rossi Overland recortada, es la mar de emblemática. Lástima que después se asome a la puerta de atrás y se coma un cargador entero de una Tommy… ¿Lagrimita? ¿Qué lagrimita?

Ron Pearlman en Enemigo a las Puertas

Que Ron Pearlman es un secundario que suele acabar muy muerto en muchas pelis, vale, es cierto (quitando Hellboy y la serie Sons of Anarchy). Y es uno de mis favoritos. Pasemos a lo que nos ocupa. ¿Quién no recuerda esa secuencia en la que, ayudando al joven Vassily, Pearlman, instructor de francotirador Koulikov, salta de un sitio a otro en un edificio derruido, y le vuelan la cabeza? Así, a lo gore. Saltito y PAFFFF… Manchurrón en la cabeza. El tiempo se detiene, Perlman cae desmadejado como un muñecajo roto, y a tí se te para el corazón, porque no te lo esperabas. Y el único sonido que oyes es el rifle de Ed Harris, el malvado nazi, armado con un Mauser Karabiner 98k, tirar de la palanca, y el casquillo caer para cargar otro.

La muerte ya no le quita el sueño al sr. Pearlman.  Porque morirse una vez es de aficionados. Hacerlo muchas veces, es de profesionales. Si no, que se lo pregunten a Sean Bean...

La muerte ya no le quita el sueño al sr. Pearlman.
Porque morirse una vez es de aficionados. Hacerlo muchas veces, es de profesionales. Si no, que se lo pregunten a Sean Bean…

 

Kate Beckett en Castle

Hay una guarrada que te hacen los buenos guionistas. Tú eres adicto, más o menos culpable, de alguna serie, y han pasado cosas trágicas y tal. Total, que la estás viendo, y de repente, en el último capítulo de la temporada, los muy hijos de sus madres de moralidad dudosa, van y te ponen esta máscara en la pantalla:

Di "Patata"...

Di “Patata”…

Y tú dices, y clamas al cielo ¡¡NO SERÁN CAPACES!! ¡Mi Stana Katic no se toca!
Esto genera esa impotencia de ver lo que va a pasar y no poder hacer nada, saber que los guonistas con unos cabritos que hacen bien su trabajo y que van a jugar con tu patata…
Lo peor es que sabes que lo son… y ¡BANG! El leve silencio y un estampido relista de un pedazo de rifle tal que este, silenciado y todo, pero que se escucha lo suficiente como para que te congeles mientras lo ves, y luego acabe el capítulo y tú maldigas a toda su casta hasta la siguiente temporada.

SR25

Semejante bicho es el Knight’s Armory SR15, MK11 para los Seal (tal como lo llama Espósito en la serie). Semejante pepino dispara a la prota. ¡A la prota! Vale, sí un recurso usual y demás, pero es un tirito que te va al corazón. Porque en el fondo ella te cae bien. Porque Castle es más buenazo que un perro pachón. Y porque los guionistas son así…

Mamá, en el Caso Slevin

Es un personaje que apenas llega a los tres minutos, pero sale. Y no hay nada peor, y todos lo sabemos, que el hecho de que maten a mamá. Imperdonable. Se merece todos los infiernos desatados, uno detrás del otro, y sodomías con cactuses. Eso pasa en el Caso Slevin. Cuando ves una figura no identificada, con un bicharraco de escopetón que puede convertir un gorrino en paté de un disparo, asomar por la puerta de la cocina y apuntar a mamá, se te hace un nudo en el estómago (que en el caso masculino es más senisble, incluso que el órgano cardíaco; imagináos la implicación psicológica de la escena…) Ella deja caer una lágrima en su mirada incrédula, en la que, rápidamente, intuye todo lo que ha pasado, y ves dolor, antes del disparo. Cae un plato al suelo. Se rompe. Y la cocina se pone perdida. Y no de cerámica…

Esto es más imperdonable que un Avada Kedavra...

Esto es más imperdonable que un Avada Kedavra…

Una Remmington 12 de cañón recortado, con una bocacha grande como león bostezando… El drama está servido. Y más si entra por la cocina…

Sean Connery, otra vez, en Indiana Jones y la Última Cruzada

Acabamos con quien empezamos, Mr. Connery, grande donde los haya. Es un tiro al corazón… bueno, más bien casi que en el hígado, cuando, al llegar al templo donde está el Grial, el malvado Walter dispara al señor Jones Senior para que Indy consiga el Grial. Recuerdo media sala del cine, cuando yo era peque, porque, sí, hasta los sociópatas hemos sido peques berreando cuando disparan sorpresivamente al papá de Indy. Maaadre qué disgusto.

Señor Jones, deme la clave de la wifi, no lo volveré a repetir...

Señor Jones, deme la clave de la wifi, no lo volveré a repetir…

Y claro, pasa lo que pasa. El señor Donovan usa su Walther PPK, muy nazi todo, le dispara, e Indy la lía parda y tal. esas cosas. Pero cómo sobrecoje el momento en que disparan a ese señor Jones Senior…

 

Bueno, niños y niñas, hasta aquí los tiros al corazón. Sugerid más, y los posteamos en otra ocasión, pañuelos de papel en mano.

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